sábado 25 de abril de 2009

Harvey Facebook

.

HARVEY FACEBOOK. 2009
Acrylic on canvas. 48'' x 72''.
.

Una reflexión de unos quince segundos sobre la profundidad del ser perro decapitado sobre el material-lienzo, nos ha llevado a intentar encajar algunas de las alegres cabezas de esta obra de Luis Macías sobre los cuerpos-bafle que pueden verse en la fotografía adjunta. La expresión de una cara tras ser guillotinado no suele ser tan vivaz, por lo que concluimos que dichas cabezas proceden de cuerpos diseñados con altavoces de alta fidelidad a la altura del cuello, pues sólo la música confiere semejante expresividad canina.

.

.

Los ojillos de estos animallillos recuerdan a la mano del ceramista y estadista Haitiano Teodomiro Shamefulson García, quien, retomando la caprichosa imagen goyesca del mono tocando la guitarra al revés para el asno hispánico prefranquista, fijó un claro precedente de lo que nos encontramos en esta sobrecogedora obra del genial Macías.

Recuerda también a la pintura naíf, por el colorido, por la ausencia de perspectiva, por la definición de los contornos, por lo naíf, y podemos afirmar sin atisbo de excentricidad que nos hallamos ante la representación alegórica de una familia Amish en todo su esplendor, de visita en la gran urbe neoyorkina. Enriquece el conjunto un claro guiño al género pulp, por el pulpo (¿No ven ustedes un pulpo?).

Asimismo, podemos establecer una relación con el género terrorífico por omisión, basándonos en el evidente hecho de que en el lienzo hay una total ausencia de elementos asustativos. Con este cuadro no se asusta a un niño de 5 años a no ser que se añada el rostro de José María Aznar. Nos inquieta especialmente el vacío reinante en el centro mismo del lienzo, que se extiende con acierto al centro-derecha (una clara crítica social), en la cual se detecta sin embargo una alta concentración de miedo metropolitano, técnicamente representado por ciertos trazos amarillos que podríamos calificar de tormenta eléctrica infantil. En una reciente entrevista, Macías declaraba que el vástago de una mujer cohabitante de Brooklyn se acercó en su estudio a la obra armado de un pincel impregnado de mayonesa caducada y, cuando estaba a punto de aportar su talento a lo que ante sus ojos se alzaba como un gran cuaderno de pinta y colorea, recibió un grito semihistérico de su progenitora que le produjo convulsiones de cuyo resultado nos ha quedado constancia en forma de los citados trazos luminosos. El artista supo conservarlos para comunicarnos que no hay nada como una convulsión eléctrico-auditiva-rompe-tímpanos de origen hispano para reflejar el miedo social a través de una mano infantil e inocente. (Hemos sabido que el chaval se llama Fernando-Steven Gonsáles y le auguramos un futuro artístico incierto entre carcelario e itinerante). Porque Macías sabe dar siempre un original toque de gracia a cualquiera de sus obras, como hemos visto en otras ocasiones (Pez fuera del agua con sordina, Tostadora acongojada en papillote, o Brazo retorcido en mi menor).

En definitiva, una obra que deleitará principalmente a todos aquellos intelectuales que disfruten impregnándose de la intensa relación entre los Caprichos de Goya, la congoja imperante en la urbe del nuevo milenio, la cerámica haitiana y los cuerpos-bafle.


Jason Emptyframes

Saddle Brook Modern Art Museum Magazine

.

domingo 15 de marzo de 2009

Zemfira


.

Sigo recibiendo mensajes de rusas a diario. Si alguien tiene pensado mudarse a Rusia, le recomiendo que ponga una academia de idiomas con el reclamo: “Da el salto a España ligando por Internet en español. Garantizamos un 99% más de posibilidades que con el traductor automático”. Yo no sé si dichos mensajes son spam o si hay realmente chicas rusas en cibercafés escribiéndolos. Muchas. En muchos cibercafés.

Todos son muy parecidos aunque jamás iguales, y siempre dan una dirección de yahoo. Pero he visto varios casos en que la candidata a ser el amor de mi vida dice vivir en Rusia, pero en el perfil pone, por ejemplo, Alcalá de Henares. ¿Será un truco o un error? Yo no puedo evitar pensar que hay una muchacha rusa llamada Zemfira soñando con vivir en Alcalá de Henares. Puso un dedo en el mapa y dijo: A este lugar quiero pertenecer.

El mensaje de hoy empieza preguntando cómo está mi humor. Parece que voy a necesitarlo para seguir leyendo. Luego, tras presentarse, añade: “Soy muy raramente en este sitio, pero quiero conocerte, quieres esto?” La imagino en el cibercafé ofreciéndome un objeto al azar, por ejemplo un peine. No gracias, no uso peines. ¿Para qué coño me ofrece un peine la loca ésta? Se habrá pensado que soy John Travolta y que debería llevar uno en el bolsillo trasero de los tejanos. No es momento de peinarme, además es rosa.

Entonces dice: “Podemos hacernos los amigos buenos y podemos ser buscaban uno a otro toda la vida, no quiero perder esta posibilidad”. Veamos, si hacemos ver que somos buenos amigos, ¿hemos de hablar enseguida como si nos conociéramos desde la infancia? ¿Se hace así en Rusia? Y dice que no quiere perder la posibilidad de que seamos dos que se pasan la vida buscándose. Eso suena atroz, ¿no sería mejor encontrarnos ni que sea una vez, a medio camino, por ejemplo en Hungría? Si le digo de quedar en Budapest, ¿me dirá que es lo más hermoso que le han dicho y que, justamente por eso, no piensa ir?

Eso me recuerda a cuando con mis hermanos jugábamos a imaginar maneras de dificultar la vida en casa: Se trataba de colocar el sofá en el recibidor, la cama en el pasillo, el interruptor de la luz del lavabo en la terraza, de guardar la ropa en la bañera para tener que quitarla cada vez que vas a ducharte, y cosas así. Zemfira, después de darme su dirección de email, dice que esperará la carta con la impaciencia. Pues lo mismo, si no me da una dirección postal, tendrá que esperar la carta más bien con la paciencia. ¿De qué carta estamos hablando? Además dice “la carta”, como si tras cada mensaje electrónico que envía recibiera una carta. Muy inquietante, la verdad.

Acaba diciendo: “Apetezco mucho que me hayas respondido, es probablemente nuestro destino:) Con los mejores votos.” Y claro, el traductor automático se colapsó con la frase en subjuntivo: “Me apetece mucho que me respondas”, y para cuando se recuperó del colapso el tiempo había pasado (y cambiado), y ahora resulta que ya le he respondido porque ella me apetece mucho, y ése era nuestro destino, ella lo sabía. Se despide con los mejores votos, que intuyo que serán los de castidad y silencio postal. Y yo le he mandado la carta sin poder evitarlo, y he escrito en el sobre “Zemfira, Alcalá de Henares, Rusia”.

.

sábado 14 de marzo de 2009

El Coronel Sanders


.
Recomendé a Mo “Kafka en la orilla” de Haruki Murakami, porque supe que le encantaría el original modo en que el autor japonés da vida a personajes ficticios dentro de la propia ficción. En dicho libro introduce al Coronel Sanders, la imagen del Kentucky Fried Chicken, como una aparición, un hada madrina cuya misión es ayudar a uno de los protagonistas a encontrar una piedra que abre una puerta. La otra noche hablé con Mo por teléfono y me contó lo mucho que estaba gustándole el libro, y comentó la aparición del Coronel. Dijo que la existencia de libros así daba ganas de vivir, pero también percibí que a ella le gustaría escribir de ese modo y no se siente capaz.

A la mañana siguiente Mo leyó en el periódico que una estatua del Coronel Sanders acababa de ser extraída del fondo del río en la ciudad japonesa de Osaka. Unos operarios que trabajaban en la construcción de un dique encontraron la cabeza, y más tarde el cuerpo. La estatua llevaba allí desde 1985, en que unos hinchas de un equipo de béisbol la arrojaron al agua. Me mandó el enlace a la noticia y me dijo que justamente iba por el episodio en que aparecía el Coronel Sanders cuando dio con ella, y confesó que se había asustado al sentir que se mezclaban la realidad y la ficción, que las cosas empezaban a traspasar las páginas del libro que estaba leyendo.
.

.
Hace ya años que sé que las casualidades son señales que debo interpretar. O mejor dicho, dejan de ser casualidades para convertirse en señales en el momento en que me indican una dirección. He pasado dos días con esta idea flotando en mi cabeza, pero no encontraba ninguna indicación. Hasta que ayer vi en el cine “Vals con Bashir”. El protagonista no consigue recordar una etapa de su vida, pero se le repite un sueño relacionado con ella en que él aparece saliendo del mar de noche y llegando a la orilla. Pregunta por su sueño a un amigo, quien le dice que el agua, en los sueños, representa los miedos, los sentimientos. Me he acordado de eso al despertar de mi propio sueño esta tarde y, de repente, he comprendido lo que significa sacar al Coronel Sanders del agua.

Cuando uno se encuentra ante una obra de arte los misterios de cuya producción se le escapan, siente que no puede llegar a entender el proceso de la creación, y ésa es una sensación de impotencia conocida, la misma que sentimos al preguntarnos por la aparición de la vida en la Tierra y por nuestro origen. Pero cuando uno entiende el modo en que se ha producido una obra, tras analizarla, contemplar todas sus partes y estudiar sus ingredientes, cuando puede imaginar el proceso y aún así se siente incapaz de llevarlo a cabo él mismo escogiendo sus propios ingredientes, siente una impotencia distinta, que viene del miedo a fracasar. Pero uno no puede verlo. Si existe un Dios creador, desde luego hizo el mundo sin miedo. ¿O acaso se ha hablado alguna vez del miedo de Dios? Pero el miedo sólo es una puerta que hay que abrir si uno realmente necesita saber qué hay al otro lado.

Hemos de abandonar el miedo a escribir, sacar del mar de los sentimientos personajes como el Coronel Sanders (primero la cabeza, más tarde el cuerpo). La literatura está en el mar, de noche, y hay que llevarla a la orilla. Y si la función del Coronel era abrir una puerta, ahora la puerta está abierta. Lo malo es que los operarios todavía no han encontrado ni la mano izquierda de la estatua ni sus gafas, y para abordar la literatura, hace falta mucha mano izquierda, y nosotros empezamos a necesitar gafas.
.

sábado 7 de marzo de 2009

Marcianos

En la esquina de mi casa había un bar llamado “El provisional” donde trabajaban cuatro mujeres y un hombre, todos ellos raros. Siempre que entraba me daban esa sensación y no sabía explicar por qué. Me parecían personas con las que no podría haberme entendido, quizá con otras ideas o costumbres, otra manera de ser o de hacer, otro carácter. Era una de esas sensaciones que uno enseguida descarta, tachándolas de tonterías de origen relacionado con los prejuicios o con intuiciones cuya relevancia resultaría de imposible verificación. Tal vez respondía a la humana y común necesidad de retratar a los demás, a modo de dibujo animado o personaje de cómic; tal vez a nuestra tendencia a clasificar por grupos: Esta mujer es mi tipo, con ésa no podría estar nunca, con aquél seguro que me entiendo, ésos dos hacen buena pareja pero no sé que hace Luis con una mujer como Laura, no te fíes de la gente con bigote, no sé cómo pueden gustarle a tu hermana los percebes. Y al final nos decimos que las relaciones son cuestión de química, de afinidad.

Cuando llevé a Mo a tomar café a “El provisional”, ante el cual ella había pasado infinidad de veces cuando vivía en mi barrio, no tardó mucho en hacerme partícipe de su convicción de que los cinco que regentaban el bar siempre le habían parecido gente de otro planeta. Con ganas y risas manifesté mi sorpresa. ¿Cómo podía haber sentido ella lo mismo? ¿Por qué tampoco podía explicar a qué obedecía esa percepción tan rotunda? Le dimos vueltas al asunto buscándole explicación, observándolos, analizando rasgos y actitudes, sin alcanzar ningún resultado de peso con el que establecer argumento alguno que pudiera convencer a nadie.

Una mañana encontré el bar cerrado, y sobre la persiana metálica había un folio pegado con celo que decía: Cerrado por fin de la misión. A Mo y a mí no nos sorprendió en absoluto. Sabemos que esa gente está de vuelta en Marte.

.

.

miércoles 21 de enero de 2009

Pretenciosos

.

.
Vamos a peor. Antes el que cortaba la barba era el barbero, y digo yo que el peluquero fue en un principio el que hacía pelucas. El siguiente paso que recuerdo en la escala de la sofisticación fue llamarlo estilista. Eso quedó atrás, ahora te gestionan la imagen, como si de un asunto comercial o burocrático se tratara. Dentro de poco nos la administrarán, y finalmente nos meterán en el Photoshop, nos recortarán, encuadrarán y darán la vuelta, nos aplicarán el contraste automático, nos ajustarán el color como a Michael Jackson, nos moverán las curvas para darnos o quitarnos luz, nos afilarán los contornos con un filtro, y listos. Se creen muy listos.
.

.
Siempre se ha dicho "No funciona". Ahora resulta que habrá que decir:

Está sin funcionamiento
No tiene funcionamiento
Habría que darle funcionamiento
Ha perdido el funcionamiento
Le falta ya funcionamiento
Carece de funcionamiento

Es cierto que los hablantes hacemos la lengua, pero uno ya no sabe si para ello nos valemos de la creatividad, si partimos de la ignorancia, si se trata de una mezcla de ambas o si, sencillamente, a menudo las palabras nuevas nacen de la estupidez.
.

domingo 21 de diciembre de 2008

La lengua, tal como la usamos

.

Me pregunto si fuera de nuestro planeta habrá vida tal como la conocemos, o si quizá en otros lugares no exista el tiempo tal como lo conocemos. Entonces me levanto de la cama tal como nos levantamos, me como un yogur tal como nos lo comemos y hago una lista de la compra tal como la hacemos, porque en la nevera sólo queda un huevo tal como nos queda un huevo cuando nos queda tal como nos queda, cuando es un huevo tal como lo conocemos.

.

.

domingo 14 de diciembre de 2008

TEMPUS FUGIT

.
Tempus fugit

So let's do it,

Let's give it all.

.
.

Interferencia

.
Cuando pasé por al lado de Marta me di cuenta, por el volumen de su vientre, de que era a ella a quien buscaba. Le faltaba poco para dar a luz y, según me habían dicho, la mujer con quien tenía que hablar estaba embarazada. Me presenté y hablamos unos minutos del asunto que yo debía resolver. Ya la había visto meses atrás pero no sabía que era ella, y me pareció atractiva porque tenía buen tipo pero, aunque de cara no era fea ni mucho menos, tenía una expresión seria y sin el encanto que suele llamar mi atención. Mientras hablábamos, se me ocurrió que en cuanto diera a luz estaría más hermosa que nunca, y me planteé cometer la osadía de soltárselo. Entonces imaginé su vida, pensé en el padre de su hija, (“cuando nazca la niña”, dijo), en su amor, en la ilusión de parir, en todas las novedades, preocupaciones y ocupaciones que le esperaban en los meses siguientes. Me pregunté si mi comentario iba a resultar un simple cumplido que pronto olvidaría o si, por el contrario, se escondería en algún lugar de su mente para reaparecer en su recuerdo un día cuando lo necesitara, o si tal vez, por extraños motivos íntimos, podría llegar a ser una interferencia en sus sentimientos. Pensé que si era una mujer con las cosas claras y con sus necesidades afectivas cubiertas, mi atrevimiento le parecería en el fondo propio de un estúpido, o de un gamberro en lo sentimental. Pero, si no lo era (entramos por las grietas), ¿podía yo tener derecho a turbarla en esos momentos? La conversación acabó, el asunto quedó resuelto. “Pronto vas a estar más hermosa que nunca”. Le sonreí, me di la vuelta y me alejé. Finalmente no se lo dije.
Bueno, lo cierto es que sí lo hice.
.

.

miércoles 3 de septiembre de 2008

BIENVENIDOS

.
Hablaba hace poco de que recibo mensajes de mujeres chinas y rusas traducidos con traductor automático, y decía que el tercer mundo está intentando decirnos algo mediante cartas de amor. Comenté también que el estúpido programa se dedica a encriptar sistemáticamente los escritos sin que de ello se desprenda siquiera una intención, pero las máquinas han probado un sistema nuevo y han dado un paso adelante. Hoy he recibido un mensaje en clave que da pistas claras sobre sus intenciones. Si antes, por cuestiones de interpretación informática de códigos lingüísticos, una letra con acento podías encontrártela cambiada por un signo incoherente, ahora introducen caracteres orientales, es decir, kanjis, conceptos. Si observamos el texto adjunto con atención y poniendo la vista borrosa, podremos apreciar con toda claridad y en tres dimensiones el trazado de las calles de nuestra ciudad en un mapa en que cada kanji se corresponde con un restaurante chino o pseudojaponés, un colmado oriental o una tienda de “Todo a 1 € o más”. Más allá del amor está la economía. La invasión ha empezado, se están introduciendo en nuestras mentes a través del lenguaje, y dentro de poco habrá que aprender mandarín para leer un mail de tu hermano. Démosles la bienvenida, no hay vuelta atrás.

Tu perfil ha sido validado. Los administradores del servicio pueden editar lo que escribes, y borrar partes del texto, el texto integro o im醙enes as?como calificar 閟tas como privadas a鷑 cuando t?las hayas puesto como p鷅licas. Contactos de telefono, e-mail, messenger, o de webs, asi como lenguaje grosero, seran borrados. Tambi閚 las im醙enes que no cumplan un m韓imo decoro, que sean sexualmente expl韈itas, de mala calidad como para que no se distinga a la persona, etc. Los desnudos o semi desnudos ser醤 borrados como foto principal y ser醤 calificados como privados en las fotos secundarias. […] No escribas todo en may鷖culas - en Internet equivale a estar gritando.
.

lunes 1 de septiembre de 2008

DENOMINACIÓN DE ORIGEN

.
Cuando en 1999 el geólogo francés Jambon De la Crêpe analizó en su laboratorio de Carnedd Llywelyn, en Snowdonia, las muestras de un nuevo meteorito, se quedó tan confuso que decidió falsear los informes y guardar los verdaderos resultados en secreto, pues a nadie se atrevía a revelarlos. Desde entonces, a la verde planicie situada frente al castillo de Flint, receptora del pedrusco caído del cielo, la llamó para sí Porkstuff Plain.


Nueve años antes, Pietr Embut, reconocido artista letón residente en Florida, había convencido a algunos científicos de la NASA de la necesidad de lanzar al espacio alguna muestra de vida en la Tierra, con etiqueta de denominación de origen debidamente cumplimentada, para informar a posibles seres extraterrestres de la existencia de nuestro planeta, en vista de que no se obtenía respuesta a las constantes emisiones de ondas de radio lanzadas hacia otras galaxias. Se convino entonces que se construiría un potente cañón en una base lunar y que desde allí se dispersarían por el universo las muestras escogidas para tal efecto. Habida cuenta de que ningún ser vivo podría sobrevivir mucho tiempo en el espacio y de que no existía manera de construirle un hábitat duradero, Embut propuso finalmente enviar algo que hubiese estado vivo en algún momento, con el convencimiento de que si una forma de vida superior se topara con nuestro regalito, sería capaz de comprender el sentido del mensaje. Así, cuando todos los preparativos estuvieron listos, se transportaron a la base lunar veinte toneladas del producto escogido, y fueron disparadas en todas direcciones en diversos cañonazos. La operación fue inmortalizada en una cinta que el artista se comprometió a no mostrar al mundo hasta pasados quince años.

El astronauta español Juanito del Robledal, a bordo del transbordador espacial que en el 2003 viajaba a la base lunar con la misión de desmontar un cañón el propósito de cuya instalación nadie le había desvelado, poco antes de llegar a la base informó por radio de que había entrado en una lluvia de meteoritos. “No, no son meteoritos, un momento, parecen gusanos; ¡no, no son gusanos, ¡son…! Se cortó la comunicación tras el impacto de aquellos objetos errantes no identificados, que mancharon de rojo el cristal de la cabina. Los desperfectos resultantes obligaron a anular la misión y a volver a la Tierra apresuradamente. El piloto nunca contó lo que realmente vio, por miedo a que lo tomaran por loco, y los resultados de los análisis de los restos calcinados que se hallaron adheridos al exterior de la nave, jamás salieron a la luz. A su regreso, Del Robledal dejó la profesión y puso una charcutería en su pueblo natal de Castilla.


Dos años después, una mañana de agosto, el geólogo De la Crêpe, de vacaciones y desayunando en un chiringuito de la Platja de Migjorn, en Formentera, se atragantó con una pata de cruasán mojada en café con leche mientras leía el periódico local. En él se contaba que un tal Pietr Embut había dado una rueda de prensa durante la Expo 2005 Aichi, celebrada en Japón, al este de la ciudad de Nagoya. El acto había tenido lugar en el Pabellón de España, en una carpa levantada junto al bar de tapas. Los periodistas españoles, que habían asistido a la proyección de la cinta presentada por Embut, alababan su magnífico trabajo de animación por ordenador. Se decía además que el artista, así como su obra, gozaban ya de una gran popularidad en toda España, pues sus declaraciones habían hecho que el mundo entero centrara su atención en la participación española en el evento. El titular, “Bombas picantes”, hacía referencia a su excentricidad y a su oportuno sentido del humor, pues la noticia reproducía las declaraciones en que Pietr Embut afirmaba seriamente que no había tal trabajo de animación, que lo que ellos veían salir disparado al espacio eran sencillamente miles de chorizos de Guijuelo, picantes, cada uno con su etiqueta de denominación de origen.

Jambon de la Crêpe, con un fragmento del meteorito de Porkstuff Plain.

.