miércoles, 3 de septiembre de 2008

BIENVENIDOS

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Hablaba hace poco de que recibo mensajes de mujeres chinas y rusas traducidos con traductor automático, y decía que el tercer mundo está intentando decirnos algo mediante cartas de amor. Comenté también que el estúpido programa se dedica a encriptar sistemáticamente los escritos sin que de ello se desprenda siquiera una intención, pero las máquinas han probado un sistema nuevo y han dado un paso adelante. Hoy he recibido un mensaje en clave que da pistas claras sobre sus intenciones. Si antes, por cuestiones de interpretación informática de códigos lingüísticos, una letra con acento podías encontrártela cambiada por un signo incoherente, ahora introducen caracteres orientales, es decir, kanjis, conceptos. Si observamos el texto adjunto con atención y poniendo la vista borrosa, podremos apreciar con toda claridad y en tres dimensiones el trazado de las calles de nuestra ciudad en un mapa en que cada kanji se corresponde con un restaurante chino o pseudojaponés, un colmado oriental o una tienda de “Todo a 1 € o más”. Más allá del amor está la economía. La invasión ha empezado, se están introduciendo en nuestras mentes a través del lenguaje, y dentro de poco habrá que aprender mandarín para leer un mail de tu hermano. Démosles la bienvenida, no hay vuelta atrás.

Tu perfil ha sido validado. Los administradores del servicio pueden editar lo que escribes, y borrar partes del texto, el texto integro o im醙enes as?como calificar 閟tas como privadas a鷑 cuando t?las hayas puesto como p鷅licas. Contactos de telefono, e-mail, messenger, o de webs, asi como lenguaje grosero, seran borrados. Tambi閚 las im醙enes que no cumplan un m韓imo decoro, que sean sexualmente expl韈itas, de mala calidad como para que no se distinga a la persona, etc. Los desnudos o semi desnudos ser醤 borrados como foto principal y ser醤 calificados como privados en las fotos secundarias. […] No escribas todo en may鷖culas - en Internet equivale a estar gritando.
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lunes, 1 de septiembre de 2008

DENOMINACIÓN DE ORIGEN

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Cuando en 1999 el geólogo francés Jambon De la Crêpe analizó en su laboratorio de Carnedd Llywelyn, en Snowdonia, las muestras de un nuevo meteorito, se quedó tan confuso que decidió falsear los informes y guardar los verdaderos resultados en secreto, pues a nadie se atrevía a revelarlos. Desde entonces, a la verde planicie situada frente al castillo de Flint, receptora del pedrusco caído del cielo, la llamó para sí Porkstuff Plain.


Nueve años antes, Pietr Embut, reconocido artista letón residente en Florida, había convencido a algunos científicos de la NASA de la necesidad de lanzar al espacio alguna muestra de vida en la Tierra, con etiqueta de denominación de origen debidamente cumplimentada, para informar a posibles seres extraterrestres de la existencia de nuestro planeta, en vista de que no se obtenía respuesta a las constantes emisiones de ondas de radio lanzadas hacia otras galaxias. Se convino entonces que se construiría un potente cañón en una base lunar y que desde allí se dispersarían por el universo las muestras escogidas para tal efecto. Habida cuenta de que ningún ser vivo podría sobrevivir mucho tiempo en el espacio y de que no existía manera de construirle un hábitat duradero, Embut propuso finalmente enviar algo que hubiese estado vivo en algún momento, con el convencimiento de que si una forma de vida superior se topara con nuestro regalito, sería capaz de comprender el sentido del mensaje. Así, cuando todos los preparativos estuvieron listos, se transportaron a la base lunar veinte toneladas del producto escogido, y fueron disparadas en todas direcciones en diversos cañonazos. La operación fue inmortalizada en una cinta que el artista se comprometió a no mostrar al mundo hasta pasados quince años.

El astronauta español Juanito del Robledal, a bordo del transbordador espacial que en el 2003 viajaba a la base lunar con la misión de desmontar un cañón el propósito de cuya instalación nadie le había desvelado, poco antes de llegar a la base informó por radio de que había entrado en una lluvia de meteoritos. “No, no son meteoritos, un momento, parecen gusanos; ¡no, no son gusanos, ¡son…! Se cortó la comunicación tras el impacto de aquellos objetos errantes no identificados, que mancharon de rojo el cristal de la cabina. Los desperfectos resultantes obligaron a anular la misión y a volver a la Tierra apresuradamente. El piloto nunca contó lo que realmente vio, por miedo a que lo tomaran por loco, y los resultados de los análisis de los restos calcinados que se hallaron adheridos al exterior de la nave, jamás salieron a la luz. A su regreso, Del Robledal dejó la profesión y puso una charcutería en su pueblo natal de Castilla.


Dos años después, una mañana de agosto, el geólogo De la Crêpe, de vacaciones y desayunando en un chiringuito de la Platja de Migjorn, en Formentera, se atragantó con una pata de cruasán mojada en café con leche mientras leía el periódico local. En él se contaba que un tal Pietr Embut había dado una rueda de prensa durante la Expo 2005 Aichi, celebrada en Japón, al este de la ciudad de Nagoya. El acto había tenido lugar en el Pabellón de España, en una carpa levantada junto al bar de tapas. Los periodistas españoles, que habían asistido a la proyección de la cinta presentada por Embut, alababan su magnífico trabajo de animación por ordenador. Se decía además que el artista, así como su obra, gozaban ya de una gran popularidad en toda España, pues sus declaraciones habían hecho que el mundo entero centrara su atención en la participación española en el evento. El titular, “Bombas picantes”, hacía referencia a su excentricidad y a su oportuno sentido del humor, pues la noticia reproducía las declaraciones en que Pietr Embut afirmaba seriamente que no había tal trabajo de animación, que lo que ellos veían salir disparado al espacio eran sencillamente miles de chorizos de Guijuelo, picantes, cada uno con su etiqueta de denominación de origen.

Jambon de la Crêpe, con un fragmento del meteorito de Porkstuff Plain.

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viernes, 29 de agosto de 2008

Magnum delirium

En un sueño estoy durmiendo con mi amigo N en la misma cama, ambos vestidos y cada uno vuelto hacia un lado, dándonos la espalda. No cabemos bien, el colchón es muy estrecho. De repente, dormido, grito:
“¡¡¡Higgins!!!”
Abro los ojos, veo que N está intentando taparse y vuelvo a dormirme. Me despierto de nuevo
al poco rato, y veo que el colchón está cortado a lo largo por la mitad, y que cada uno de nosotros está en su mitad. Entre los dos pedazos hay un tendedero con ropa de colores y veo a N mirándome entre la ropa tendida con cara de no haber podido dormir.

Un rato más tarde estoy hablando con un amigo mío en el sótano de la casa. Es Rick, uno de los amigos de Magnum en la serie de Tom Selleck.

viernes, 8 de agosto de 2008

Smileagain Turbo

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Para la mala leche tengo entendido que van bien unos supositorios llamados Smileagain Turbo, pero no te los recomiendo, producen risa tonta. Hay en cambio un tratamiento con resultados menos inmediatos pero sin efectos secundarios, a base de hierbas, pero hay que tener tiempo de ir a pastar.
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jueves, 7 de agosto de 2008

Traductor automático

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Instalaciones

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Sobre un mueble de mi cuarto, frente a la ventana, tengo 2 frascos de vidrio con tapones de corcho y dos botellas antiguas o viejas. En uno de los frasquitos hay cristales azules encontrados en la playa y sumergidos en agua. Son difíciles de encontrar (no así los verdes o marrones, de botellas de cerveza). Hace años estuve en el museo Peggy Guggenheim de Venecia y vi unos estantes colocados contra una ventana con muchas figuritas de cristal azul. La luz entrante las atravesaba, me gustó el efecto y me quedé con la idea. En el otro frasco hay también agua y cristales de otros colores: amarillo, naranja, rojo y rosa, también alguno verde. En las botellas tengo inmersos diferentes tipos de bombillas, así como cuentagotas de vidrio.

El origen de la sensación que persigo hay que buscarlo en mi infancia, concretamente en Krypton. No, no soy Superman, pero me gustaba la fortaleza hecha de cristales de hielo que éste poseía en el Polo Norte, y recuerdo un pedazo de reluciente kryptonita que extraía de un cuadro de mandos para comunicarse con su padre muerto.


Junto con los tubos cuentagotas hay bombillas pequeñas de las que encontraríamos en una linterna, la parte metálica la quité. Algunas flotan, otras pesan demasiado aunque tengan aire dentro. Una de las botellas contiene sólo bombillas de ristras de árbol de navidad. Unas flotan y perdieron la pintura, que yace al fondo en pedacitos multicolores que me gusta ver dispersarse en el agua cuando muevo la botella. Las que no flotan son de colores, con forma de preservativo, y se mantienen erguidas.

Cuando invité a casa a una amiga bailarina y directora de teatro, me dijo que yo podría hacer instalaciones para exposiciones y otros eventos artísticos. Ayer estuve en uno en que ella participaba en una performance, y pude observar realmente a qué se refería. Había un jardín en el que, entre las plantas, alguien había colocado un cerdo con botas del tamaño de un cerdo con botas y pintado de rojo, también las botas. Y entre unos cactus destacaba un agresivo tiranosaurio del mismo color y del tamaño de un tejón. Cerca, sobre una mesa, había un hermoso mac portátil de color blanco y, junto a él, una mujer de sugerentes curvas y labios vestida de un modo que me pareció sofisticado pero que a mi acompañante le resultó sencillamente vulgar, impresión que me argumentó de modo altamente convincente (la diferencia entre sofisticación, elegancia y vulgaridad habrá que analizarla en otro momento). Se servían bebidas de color azul, y la heterosexualidad entre el público asistente era minoritaria. No así, como suele pasar en estos eventos también, los índices de excentricidad, superficialidad y esnobismo. Había tanta gente que no pude ver bailar a mi amiga, pero algunas esculturas, pinturas y fotografías de la exposición hicieron que valiera la pena asistir, además del hecho de poder saludarla. Y de camino a casa estuve pensando en qué clase de instalación podría hacer yo. Una cosa es crear un ambiente, para lo cual primero hay que pensar qué ambiente se desea crear y, quizá, sobre todo, qué ambiente no se desea crear. Ahora bien, quizá se trate sencillamente de sorprender o de llamar la atención a base de imágenes a cual más absurda y sin mensaje ni significado.

Entonces me acordé de una chica desconocida con la que había estado chateando. Dijo que buscaba sensaciones agradables, así que le propuse una. Tracé un plan erótico-morboso-inmediato diseñado para ella. Se trataba de presentarme en su casa con una sandía y una bolsita de champiñones frescos, y primero cortar los champiñones a rodajas y meterlos un rato en el congelador, partir en dos la sandía y meterla e la nevera. El plan era desnudarla, colocarle rodajas fresquitas de champiñón por todo el cuerpo, hacer que metiera los pies en las mitades de sandía y, tras chapotear con los dedos en la fruta, llevarla de la mano recorriendo la habitación ambientada con música de Wagner o heavy metal, según convinimos.

Pronto me di cuenta de que, mientras que yo hablaba en serio, la buscadora de sensaciones agradables sólo bromeaba, y con escasa gracia. Al poco desapareció sin despedirse. Pero yo ya la tenía instalada en mi cabeza.

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lunes, 28 de julio de 2008

El certificado

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Amigo –Una cosa que envidio de ti es tu condición de judío.

Yo –¿Por qué, si puede saberse? Eso es una sublime tontería.

Amigo –Yo estoy convencido de que, sin lugar a dudas, ser judío es un valor añadido.

Yo –En mi vida he oído una estupidez semejante.

Amigo –Además últimamente he estado pensando seriamente en convertirme. Dime, ¿hace falta pasar por algún rito de iniciación?

Yo –Desde luego. ¡Milenario, además!

Amigo –¿En qué consiste?

Yo –En primer lugar, debes circuncidarte, y si realmente sopesas esa posibilidad, te recomiendo que vayas a un especialista, en vez de ponerte en manos de un rabino de pulso tembloroso que media hora antes ha estado sacrificando corderos en el matadero y después irá a rezar un kadish a un funeral. Y lo digo, más que nada, porque el rabino trabaja sin anestesia, y es muy posible que mi aversión a los rezos salmódicos venga de cuando sufrí, al poco de nacer, semejante mutilación. Años más tarde oí con el corazón en un puño el llanto de desolación de mi hermano pequeño y, en fin, tú verás. Y no, no sé si se pierde sensibilidad, eso ya lo hablamos una vez. Lo único que te digo es que, realmente, para entregar tu prepucio a Dios debes creer en él, sobre todo para poder orar con el corazón y pedirle que al rabino no le entre el hipo en el momento de proceder al acto para la continuidad de la higiene genital de nuestro pueblo.

Amigo –(Sobrecogido) ¿Y una vez circuncidado ya eres judío?

Yo –¡Qué va! ¡Podrían confundirte con un musulmán! Todavía falta el ritual de iniciación. El pueblo judío entero debe aceptarte. Lo primero que te preguntará el rabino (te recomiendo uno ortodoxo, son los peores) es por qué quieres ser judío. ¿Qué le contestarías?

Amigo –¡Que es divertido! ¡Tiene que ser apasionante!

Yo –Sí, es muy divertido vivir pendiente de cuándo tienes que cambiar de país, y aprender muchas lenguas. Lo verdaderamente apasionante es que te persigan los nazis. Tú dile esto y luego ven a contarme qué cara te ha puesto.

Amigo –Dime entonces qué hay que decirle.

Yo –Te recomiendo que te leas El rabino, de Noah Gordon. Allí encontrarás la respuesta.

Amigo –Y si me convierto, ¿me darán un certificado, o algo? Yo lo quiero sobre el papel.

Yo –Mira, si quieres puedes venir mañana a una comida con unos amigos. Estaremos dos familias al completo.

Amigo –No sé, no sé si me sentiré a gusto. ¿Tú crees que me aceptarán?

Yo –Claro. Y tranquilo, la comida te gustará. Va a ser una barbacoa: butifarras, paté de jamón de Jabugo, berberechos, y tal. Todo kasher.

Amigo –Así, ¿me aseguras que tendré un plato en la mesa? No lo veo claro. ¿Qué dirá tu madre? Creo que me sentiría fuera de lugar, como un extraño.

Yo –Tranquilo. Estarás en tu casa, nos conocemos de toda la vida. Te trataremos como a un igual y podrás ver desde dentro cómo movemos el cotarro socio-económico. Probablemente se hablará de la doble boda de dos de ellos con dos no-judíos.

Amigo –Y si voy, ¿me podéis dar un certificado de asistencia?

Yo –Claro, y haremos fotos de familia para la posteridad contigo en primer plano en calidad de aprendiz. Y además te dejaremos pasear por el jardín y si quieres puedes lavar los platos judíos.

Amigo –Pero, vamos a ver, ¿tú crees que algún día llegaré a ser tan judío como tú?

Yo –Para un ortodoxo no lo serás nunca, pues no eres de madre judía. Para un reformista eres judío si te sientes judío. Ven mañana, hombre, eso te ayudará a integrarte.

Amigo –¿Y se tomará alguna decisión importante en esa… congregación? No, no es esa la palabra…

Amiga presente –¡Comunidad!

Amigo –¡Eso me gusta! ¡Comunidad! ¿Se decidirá algo que afecte a la comunidad?

Yo –¿Al pueblo judío?

Amigo –Bueno… Sí.

Yo –Seguramente. Ya nos las arreglaremos. ¿Y qué es lo que te atrae tanto, lo de ser el pueblo elegido?

Amigo –No. Lo que dice el cristianismo me parece una chorrada. Los judíos, por ejemplo, no creen que Cristo sea el Mesías, ¿no? ¡Pues yo tampoco!

Yo –¡Tampoco lo creen los musulmanes!

Amigo –Ya, pero el Dios de los judíos es más abstracto.

Yo –Tampoco los musulmanes adoran ídolos.

Amigo –Ya, pero no es por eso.

Una semana después

Yo –¡Rajao! Por cierto, dice mi madre que si quieres ser judío, con decir que lo eres, basta, y que si quieres un certificado, que te lo hagas tú mismo, que es lo mejor.

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Tirando la caña

Con una desconocida jugué una vez a hacer un poema a base de añadir un verso cada uno. Hoy lo he encontrado y me gustan los míos (en rojo y redonda). Supuso un cierto esfuerzo seguir un hilo, darle una intención, cuando mi contrincante escribía algunos versos sin sentido alguno, como verá quien se aventure a leerlo.


El ámbar de tus calcetines, esta tarde

no me muestra la tiza que esconde.

Te hubiera pintado de blanco lo grave

pero he de apuntar las palabras clave:

(y quieras o no habrás de decirme dónde)

en el sexo, el sueño y el hambre,

serán gónada, pistilo y estambre.

En todos ellos encontraré mi estanque.

Como anzuelo, en mi caña tú ponme

el velo aceite de oliva verde

y vuélvase tu tiza ámbar y ternura

¡ahora! con fuerza, al instante…

Del calcetín, su fiera envergadura

surge, atómica la tonsura, dura

no verás mi polla hoy, vana cordura,

pues no estamos en la hora obscura.

¿Hará falta que las luces se tornen tiniebla?

¿Cómo será si la mano tiembla?

¿Será como el momento alado de la siembra?

Será como un campo de amapolas después de la siega.

1.12.07

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viernes, 18 de julio de 2008

Mutantes

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Hará diez años me enteré de que justo en la desembocadura del río Llobregat existía una masía abandonada a cuyos muros llegaba ya el mar, que había ido comiéndose la tierra del delta. Vi fotos antiguas en que aún estaba rodeada de campos cultivados, y sentí curiosidad por ver las olas entrando en la casa .

Entre polígonos industriales colindantes al aeropuerto y caminos por los que no pasearía ni de día, conseguí encontrar la desembocadura, dejé el coche y, sorteando innumerables latas, botellas y desperdicios de diversa índole expulsados por el mar, me acerqué a la orilla. Y allí estaba la vieja masía, un edificio sin el menor encanto. Durante las tormentas el agua debía de golpear aquellas piedras centenarias, pero aquel día quedaba a un par de metros de la casa, dentro de la cual había tanta basura que enseguida supe que no valía la pena siquiera rodearla, y la idea de entretenerme por allí un rato buscando algún tronco de formas sugerentes la desestimé también de inmediato. Ni rastro de la belleza visual que había ido a buscar.

Mi decepción era tal que decidí marcharme de allí cuanto antes, cosa que hice con mayor rapidez cuando vi que llegaba un coche y se bajaban de él un hombre y una mujer de aspecto poco agradable. Allí no había nada que hacer, nada que ver, nada sano que recolectar, por tanto el sospechoso motivo de su llegada fue más que suficiente para que me apresurara a no compartir aquel basurero con ellos.

De camino al coche, en cuanto dejé la playa y pisé tierra firme, noté que mis botas camperas pesaban más de lo normal, y descubrí que el hueco entre el tacón y la suela se hallaba repleto de una masa de arena compacta. Sabiendo que la arena mojada no se pega de ese modo, no quise quedarme allí más tiempo y opté por quitarla más tarde, no me importó que ensuciara el suelo del coche. Me sentía extraño en aquel lugar inhóspito y, sencillamente, me marché.

No volví a acordarme del mazacote adherido a mis botas hasta que estaba en el ascensor de casa, y lo que vi al mirarlas me sorprendió hasta asustarme. La masa de arena se había vuelto de color verde oscuro brillante y eléctrico como la pintura metalizada de un coche, o como el del caparazón irisado de ciertos escarabajos. Entré en casa con las botas en las manos, las dejé en el cuarto de baño y fui rápidamente en busca de un destornillador. Con él rasqué toda la arena incrustada asegurándome de que ni un grano cayera fuera del wáter y con cuidado de no tocarla con las manos. La operación no me llevó menos de veinte minutos.

Cuando pienso en las playas de nuestro litoral que tanto he frecuentado desde niño (la del Parque Natural del Delta del Llobregat, la más cercana, o las de Gavà y Castelldefels, a escasos kilómetros, me pregunto hasta qué punto estamos siendo envenenados por las fábricas que producen lo que consumimos y por los servicios que tan felizmente utilizamos, y sólo se me ocurre que lo que no nos mata, nos hace mutantes.

He buscado la masía en Google Maps pero debe de haber desaparecido y, reflexionando sobre la velocidad de la erosión natural, yo más bien diría que se ha desintegrado. Si a alguno de mis lectores (supongamos que los tengo), le urge ocultar un cadáver, no le recomiendo esa playa por no convertirme en cómplice, no por otra cosa. Y mientras esperamos que construyan las nuevas pistas de nuestro aeropuerto internacional para volar en vacaciones a paraísos que tenemos ya pensado contaminar lo antes posible, recordemos con algarabía cuánta razón tenía La Trinca en aquella canción que cantábamos de niños danzando frente al tocadiscos llenos de gozo e ignorancia. (Que nadie se olvide de sacar bien la voz cuando llega lo de “Com enyorem els pes-ca-dors…”, y que alguien se encargue de hacer los coros en el estribillo). CATALANS, CANTEM!!!


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El Danuvi és blau

tal com diu "l'Strauss"

Però el riu Llobregat

és amarronat,

el Besòs és verd

i groc n'és el Ter.

L'Ebre vist del mar

és blanc nuclear

i el Segre mirat

des d'un puig

és color de gos com fuig.

Aigües tèrboles,

aigües tòxiques,

clavegueres enciseres,

aigües fètides,

aigües pútrides,

que gentils regueu

el clar país, el meu.

Hi ha rius d'un groc tinyós,

n'hi ha d'un tornasol oliós,

n'hi ha d’un caqui llefiscós,

i és que de porqueria

n'hi ha de tots colors.

Flairem els efluvis jolius

que fan els nostres rius.

Cantem ensumant cara al vent:

Quina catipen!

Cadàvers de gallina

i llaunes de tonyina

i raspes de sardina

és tot el bestiar

que al riu s'hi pot trobar.

Com enyorem els pes-ca-dors

ara que han tocat el dos,

que de peixos si n'hi ha alguns

suren junts ben difunts

confitats amb un suc pudent

plè d'escuma detergent

i residus radioactius,

papers, plàstics i preservatius.

Líquids patògens, detritus càustics,

fluïds atòmics, bosses de plàstic.

Quin femer!

El riu Llobregat és amarronat,

el Besòs és verd i groc n'és el Ter.

L'Ebre vist del mar és blanc nuclear

i el Segre mirat des d'un puig

és color de gos com fuig

Que de porqueria n'hi ha de tots colors!

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Poca cosa (contactos)

Veo la foto de una mujer preciosa y descubro que me falta un cm para lo que ella considera alto y seguramente unos cuantos kilos para lo que considera fuerte, pues peso poco más que ella. Y no está ella para poca cosa, dice con desprecio. Para colmo me sobran 4 años vividos. Y yo, ¿por qué demonios le escribo estas líneas si además es probable que no haya pagado y no pueda leerme? Tan sólo porque por un momento he tenido ganas de besarle la nariz.
La vida es así de absurda, y ahora me dirigiré hacia la nevera a tomarme un yogur que no tengo.

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